Apurados, anhelantes, ambiciosos, anestesiados. Demasiado ocupados como
para militar, demasiado tibios como para jugárnosla, demasiado cómodos como
para cuestionar la paranoia colectiva que nos vomitan la calle, la tele, el diario.
A medias, siempre a medias. Como la nena del cuento que debía ir vestida y no vestida, peinada y no peinada, a caballo y no a caballo. Sujetos a mandatos sociales que nos abruman y de los que nos encantaría prescindir -pero sin esfuerzo, con un clonazepam y una red social a mano.
¿Cómo decía ese famoso texto de Octavio Paz? “Tengo prisa. Aunque no me mueva de mi silla ni me levante de la cama. Aunque dé vueltas y vueltas en mi jaula. Clavado por un hombre, un gesto, un tic, me muevo y remuevo. Todo lo que me sostiene y sostengo sosteniéndome es alambrada, muro. Y todo lo que salta mi prisa”.
Así estamos, así vivimos.
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